METASE CON MIS SENTIMIENTOS, PERO NO CON MI ESTATURA


Uno setenta, ni un centímetro mas ni uno menos.


Hace algunas semanas, una empresaria vió mis fotos de Instagram y le gusto mucho la idea que yo fuera el modelo de su marca y se comunicó con mi mananger, le dijo que yo era exactamente lo que estaba buscando. A lo que mi mananger en reiteradas ocasiones le preguntó si estaba segura. Que yo medía 1.70 que mejor pensara en otra persona


Ese mismo día, me llamaron y me hicieron salir de afán a conocer a la brillante empresaria (y con muy buen gusto) y debo confesarles que fue más que evidente su cara de descontento, seguido con una célebre frase: "Pensé que era mas alto". Que gracias. Descubrió que el agua moja y que eso es lo que en muchos idiomas han dicho de mi.

Si, es una realidad que ningun hombre puede negar. Cualquiera de nosotros puede mentir con la edad, con el color de pelo, con el peso, y hasta el tono de la piel. Pero la estatura siendo hombre es algo muy difícil de modificar.

Lamentablemente esa situacioón solo se hace notoria cuando eres adulto.

Cuando era niño, siempre me sentí feliz por ser el primero de la fila. Entraba primero, tenia los beneficios del que no espera. Tenia los mejores sitios para sentarme en el salón de clase y que decir de ese exceso de gracia que tienen los niños de poca estatura. Era feliz. Ser el Chiqui, no es tan malo.

Hasta que llego el momento de crecer y eso no sucedió tanto como quería. Bueno, tampoco es que tuviera una herencia de basquetbolistas por que mi mama es también de baja estatura y supongo que mi papa también. Pero medir uno setenta siendo hombre, no es que sea la maravilla. Si, yo se que hay gente mucho mas baja que yo y que seguramente sabe de que estoy hablando.

Casi todas las mujeres que conozco usan tacones y quedan as altas que yo. Sin contar con que muchas de ellas miden más de 1.70. así que ya se imaginaran lo incomodo que resulta convertirse de acompañante en llavero. Asi que desde hace muchos años aprendí a apoyarme en las punticas de los pies y de cualquier piedrita que me colaborara con el efecto pequeñin que siempre me he acompañado. Y he de confesarlo en mi trabajo he tenido que subirme en plantillas, banquitos, ladrillos y directorios. Solo para lograr igualar de alguna manera la estatura de la flacuchenta larguísima que me ponen al lado.

Si, no soy alto. Tampoco un enano. De hecho ya aprendí a vivir con un banquito para alcanzar las cosas de la parte de arriba de la alacena, también a pedir ayuda a terceros cuando con la silla y mis uno setenta no son suficientes para cambiar un foco, y también a poner cara de "tote" cada vez que voy a presentar un evento y mi compañera de set olvida que no es una fiesta Drag Queen y se trae unas plataformas soñadas de características épicas.

Es mas, uso ya una clásica frase: “O se quita esa mierda de tacones, o no presento” Afortunadamente siempre me he salido con la mía. Por que bien me lo decía una amiga, a veces no impacta tanto la estatura, como la actitud.  

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