CUANDO IR A CINE DEJO DE SER UN PLACER.


Ir a cine es quizás uno de los planes favoritos de todos aquellos que tienen posibilidades financieras, y tiempo disponible. No descarto de ninguna manera la posibilidad que le da a los más versados en el tema de poder disfrutar de esta muestra artística enriquecedora. pero la mayoría de personas así como yo, vamos a cine a entretenernos o como podrían considerarlo algunos a matar el tiempo.

Y es que aunque todos en algún momento hemos ido a ver una película, ir a cine si usted lo mira bien dejó de ser un placer, para convertirse en una actividad un poco estresante. Solo que lo hacemos de manera mecánica y ya muchos ni lo notamos.

Ir a cine tiene el paralelo emocional a un aeropuerto. Si no llega con una hora de anticipación, nunca podrá conseguir un puesto para el próximo vuelo. O la película que Se quiere ver. Sencillo: Si usted compra las sillas por internet, debe correr antes de perder la reserva y como en los aeropuertos, hay una particular fila de gente esperando que alguien tenga un retraso para tomar su lugar. Como el juego de piñata el que se va para Barranca pierde su banca.

En el cine, es de los pocos lugares donde nadie quiere estar en el puesto de adelante. Es más aún me pregunto porqué hacen este tipo de puestos que quedan debajo de la pantalla. Yo lo llamo el puesto del desesperado. Nadie cambiaría por un poco de entretenimiento por el cuello por estar mirando hacia arriba durante dos horas continuas. Sin mencionar las películas que son subtituladas, donde para leer cada linea tienen que mirar de extremo a extremo la pantalla como maquina de escribir.

Pero continuemos, ya teniendo la entrada, que para hacerlo gracias a la fidelización de las empresas es necesario previamente comprar una tarjeta. Sigue el calvario de hacer una nueva fila para comprar algo de comer, que en el fondo tampoco llena las expectativas pero si deja vacío el bolsillo. Comprar una bolsa de palomitas que en algunos casos o un balde si usted tiene mucha plata y hambre es una auténtica ruleta rusa. Y es que a quien no le ha salido las crispetas del cine como un pedazo de icopor sin sabor, viejas que se pegan en los dientes como un chicle salado o se le ha introducido un pedazo de maíz entre los dientes el cual intentamos sacar con desesperación por horas mientras intentamos ver la película.

Si usted es una persona pudiente o si invitó a alguien a acompañarlo a este maravillos plan. Es muy probable que hubiera comprando un famoso "Combo" que incluye una gaseosa, crispetas, nachos, chocolatina. También podría haber comprado un delicioso perro caliente muy americano que no es más que un pan con una salchicha, bañada en salsas. O un pan con algo que se presume es carne pero que usted consume a oscuras con la esperanza que sea la hamburguesa como la vió en el anuncio donde estaban los precios. Otra gran pregunta de la humanidad, porque a oscuras todos los gatos son pardos.

Ahora bien, intente entrar con todo lo que se compró en la cafetería, póngalo en una escuálida bandeja e intente pasar por entre más o menos 13 personas que ya están apoltronadas con cero intención de recoger las piernas sin regar la gaseosa encima suyo o en la cabeza del que esta a su lado. Algo completamente engorroso pero dentro de todo, lo tenemos como costumbre.

Y si de personas en una sala de cine se trata, que me dicen de los padres creativos que les encanta llevar a niños llorones a ver una película. O de esa mujer que al parecer no puede dejar su trabajo fuera de su vida y parece un call center recibiendo llamadas en su celular. La pareja extremadamente amorosa que va al cine a que los demás escuchemos como suena sus babas en la boca del amor de su vida. La persona que no aprendió a susurrar para comentar porque tiene un megáfono en la garganta y no falta el que le pareció aburrida la película y se relaja de tal manera que en vez de los diálogos usted lo escucha es roncar.

Pero la tortura sigue. Si usted goza de posibilidades puede entrar a ver una película en 3D, un invento fabuloso que le permitirá disfrutar de un efecto tridimensional de la película que en muchas oportunidades siquiera notará. Todo gracias a unos magníficos lentes diseñados por sabrá dios quien porque no logran ser ni cómodos ni menos estéticos. Pero ahí esta usted, pagando y disfrutando de la película

¿Alguna vez a entrado a una sala 4D? Es una experiencia única. No solo disfruta de unos lentes de campeonato sino también la silla donde se supone usted descansará se mueve como una montaña rusa y aparte le hechan agua, aire y le vibra en todas partes para magnificar la experiencia. Cosa realmente incómoda si lo que usted pretende es darle un mordisco a un perro caliente en semejante bololó.

Igual no importa, al menos a mi me encanta ir a cine. Con todo y lo trajinado que pueda resultar la experiencia. Lo único que no me gusta, es que si bien tuve que llegar corriendo como para alcanzar un vuelo internacional, repagar una barbaridad por un puñado de maíz, empujar o que me empujen para agarrar un puesto es terminar viendo una película que es un completo hueso.

Sí que gran plan ir a cine, es casi todo un placer que amamos la gran mayoría de personas hacer. Ganas que le dan de joder a uno

Good Luck
Matt

1 comentario:

  1. Tienes razón Mateo. A todo eso súmale al que está detrás tuyo golpeandote la silla toooda la película...

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